jueves, 9 de febrero de 2012

ACAM = trolls.

Es interesante como la historia parece repetirse una y otra vez. Hace unos años estábamos oyendo acerca de como RIAA, el cartel estadounidense conformado por las disqueras más grandes del mundo, había optado por demandar a abuelitas de 70 años y niños de escuela por estar copiando música en Internet.

Ahora, resulta que ACAM (quien es una especie de pariente lejano, "a la tica", de RIAA) decidió demandar a la Orquesta Sinfónica Nacional, por ejecutar obras de terceros en sus conciertos sin pedirles permiso con antelación. Según ACAM, dado que la OSN percibió un ingreso por esos conciertos y ejecutó obras compuestas por otros, esos otros tienen derecho de reclamar su tajada... una tajada de aproximadamente 23 millones de colones.

Le sigh. Será que no hemos aprendido nada en la última década?

En la industria de la música, el sistema restrictivo y monopólico sobre los productos ya no funciona. Ya hace mucho tiempo el negocio dejó de ser "es mi canción y yo decido qué hacer con ella", para pasar a ser "yo creo algo, lo someto al criterio público para que lo disfruten, y me beneficio de los efectos asociados".

Ya escucho a los artistas diciendo "eso no es así y nunca va a funcionar". Pero sí... sí ha funcionado. De hecho viene funcionando hace 35 años en la industria cinematográfica. Cuando sale una película los boletos en la taquilla y las ventas de DVD (bueno, BR ahora) forman una parte del ingreso. Pero otra gran parte del dinero viene de toda la campaña de ventas asociada que involucra juguetes, camisetas, soundtracks, etc.

En la última década el precio de la obra musical ha disminuido, pero toda la gama de productos colaterales ha tenido un crecimiento explosivo. Ya la gente no está dispuesta a pagar $20 por un disco basura, lo cual de paso se advirtió hace como 20 años, y la industria simplemente no hizo caso. Pero sí, felizmente pagan $100 por un concierto de 2 horas, apoyan eventos donde aparece su artista favorito, y hasta compran toda una gama de ropa, perfumes, anteojos, refrescos, ringtones y cuanta tontera les permita ser "más como ellos".

ACAM está haciendo mal al tratar de clavarse a la Sinfónica con una penalización económica. La gente lo está percibiendo como un ataque de la industria a uno de los escasos proyectos de cultura de este país que realmente valen la pena. Y no les gusta. Igual a como pasó cuando RIAA llevó a juicio a la abuela y su nieto de 13 años.

Puede que ACAM tenga toda la razón y todo el derecho del mundo desde la perspectiva legal, y obviamente el negocio de las demandas es muy atractivo para los abogados y los artistas, a quienes les prometen plata fácil sin mover un dedo. Pero la realidad es que ante los ojos de los consumidores, que financiamos a los artistas de ACAM, están quedando como un culo. Y los músicos que respaldan esta maniobra? Igualmente... como un culo.

El hecho de que algo se pueda hacer, no significa que sea buena idea hacerlo.

Los artistas nacionales podrían aprovechar el efecto de la Sinfónica, para promover sus canciones y sus discos. Podrían aprovecharlo para darse a conocer a nivel internacional, e incluso generar proyectos en conjunto novedosos y alejados de la creación tradicional, que les atraigan más oyentes.

Pero no, prefieren irse por el esquema tradicional, ya obsoleto y enterrado hace más de una década. La historia se repite una y otra vez.

Acéptenlo: la música tiene autores, ya no tiene dueños. Desde hace mucho tiempo dejó de tenerlos. Con este berrinche legal, lo que están haciendo es quedar como tontos ante la gente que los financia.