Tengo que admitir que no me deja de sorprender nunca la evolución y los efectos que produce en todo lo que nos rodea. Cualquiera diría que el control mental y el lavado masivo de cerebros es tema de ciencia ficción y novelas orwelianas... pero hoy me topé con una especie de hongo algo... creepy en ese sentido.
Se llama Ophiocordyceps unilateralis, y es un hongo que crece en regiones tropicales, depredador de hormigas. El ciclo de vida es algo curioso: la espora cae sobre una hormiga y se ancla. Posteriormente empieza a crecer el hongo, que perfora el exoesqueleto de la hormiga y empieza a consumirla por dentro.
Eventualmente el hongo libera una sustancia que hace que la hormiga sienta la necesidad de buscar comida, y cuando llega al lugar donde están recolectando hojas las demás hormigas, el hongo la obliga a morder una planta, y le paraliza la mandíbula. La hormiga muere de hambre, y el hongo generalmente queda suspendido sobre una hoja, donde puede liberar esporas e infectar más hormigas para empezar de nuevo el ciclo.
Raro? Si, pero no singular. Spinochordodes tellinii, que es una variedad de lombriz digestiva hace algo parecido. Empieza a crecer, generalmente dentro de grillos, y una vez que está en edad reproductiva libera una sustancia que hace que el grillo busque desesperadamente el agua. Tan desesperadamente que termina lanzándose al agua, y muere ahogado. En ese momento la lombriz puede salir para reproducirse y seguir infectando más grillos.
Un caso más cercano a casa es la toxoplasma gondii, el protozoa que causa la toxoplasmosis. Normalmente infecta ratones, y cuando lo hace también altera su comportamiento con el fin de reproducirse. El parásito cambia el funcionamiento del sistema nervioso del ratón, hasta volverlo adicto a los neurotransmisores activados en situaciones de peligro. Los ratones infectados empiezan a comportarse irracionalmente, exponiéndose sin miedo a depredadores, hasta que terminan víctimas del depredador (generalmente gatos). El gato consume el ratón, y el parásito lo infecta. Pasa por el tracto digestivo del gato, y sale para depositarse en superficies contaminadas por las heces, a donde llegan más ratones a infectarse.
Lo más creepy de la toxoplasmosis es que según algunos investigadores, el efecto se transmite a los seres humanos. Aunque no está demostrado, pareciera que la presencia de gatos contaminados en una ciudad puede correlacionarse hasta cierto punto con un incremento en la cantidad de accidentes de tránsito y violencia. Según los que están estudiando el fenómeno, tiene cierta lógica que el efecto del parásito ocurra también en los seres humanos. Antes de que existieran los gatos domesticados, la toxoplasmosis utilizaba seres humanos como víctimas, y los hacía propensos a comportamientos más riesgosos, precisamente para que los pudieran consumir los gatos salvajes.
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