lunes 17 de octubre de 2011

Seguimos siendo una sociedad machista?

El otro día estaba leyendo una de esas encuestas tabloide que le gusta hacer a La Nación, ésta para tratar el tema del machismo en la sociedad. La Nación entrevistó por medio de Unimer a 1.200 personas, y les preguntó si pensaban que las labores domésticas tenían que compartirse. Y luego les preguntaron quién hacía las labores domésticas en la casa. El resultado fue que el 75% dijo que las labores tenían que compartirse entre el marido y la mujer, pero la realidad es totalmente lo opuesto: solo un 70% dijo que en la realidad las labores las compartían en el hogar.

La conclusión, dice LN, es que nuestra sociedad sigue siendo machista y casi nadie predica con el ejemplo. Todos dicen que la sociedad debe ser igualitaria, pero en la realidad nadie lo practica.

Una conclusión, me parece, bastante superficial y poco pensada.

Y es que el "machismo" no se puede medir, me parece, empleando indicadores tan simplistas como las labores domésticas, y analizándolo de una forma tan simplista como lo hizo La Nación.

El problema es que La Nación está partiendo de una falsa premisa, que es que el "estándar" es que las labores domésticas se compartan por igual, y cualquier cosa que difiera de eso demuestra falta de igualdad de género. Talvez en un contexto puramente matemático sea cierto: igualdad implicaría 50%-50%, pero eso no necesariamente se puede extender al contexto social, donde hay muchas más variables en juego.

Bertrand, Goldin y Katz hicieron un estudio de cierta forma análogo pero desde la perspectiva de las diferencias salariales entre hombres y mujeres en puestos ejecutivos. Las estadísticas también mostraban  un desequilibrio abrumador: en las compañías más grandes del mercado que estudiaron, solo un 2.5% de los puestos de alto nivel eran ocupados por mujeres. Bajo la lógica utilizada por La Nación, uno podría concluir que existe un machismo absoluto en las grandes corporaciones y que la igualdad de género se queda en el papel.

Excepto que Bertrand, Goldin y Katz fueron un poco más allá, y estudiaron además de la estadística superficial, las razones y comportamientos que daban origen a esas diferencias. En otras palabras no se quedaron satisfechos con decir "así es", sino que preguntaron por qué.

Descubrieron que la diferencia tan abismal ciertamente tenía un componente de disciminación, pero era mínimo. Sobre todo las diferencias salariales y de ocupación de puestos por hombres se debían a los hábitos de las mujeres candidatas a ocupar puestos de alto nivel. Encontraron que las mujeres de ese grupo en promedio tomaban menos cursos de finanzas que los hombres (se sabe que en las labores ejecutivas, existe una relación entre experiencia en finanzas y salarios logrados). También encontraron que las mujeres en promedio trabajaban 6 horas menos semanales que los hombres, y se ausentaban mucho más. Y las mujeres que optaban por tener hijos durante su carrera, terminaban trabajando 24% menos horas que los hombres.

En otras palabras, la "discriminación machista" en el estudio de BGyK terminó siendo no un tema de machismo, sino un tema de estilo de vida: las mujeres prefieren alternativas "menos rentables" en el mercado, y muchas prefieren a los niños, lo cual les representa un costo muy importante a la dedicación laboral y a sus carreras.

La encuesta de UNIMER probablemente tenga un trasfondo similar. No me extrañaría que si le preguntaran a las mujeres por qué se dedican a esas labores, muchas digan que porque tienen ese hábito, y les da cierta satisfacción el hecho de mantener una casa en orden o de aplicar sus habilidades en la cocina, y que aunque en ocasiones sea bonito que la pareja se encargue de esos trabajos, tampoco es gran cosa si ellas tienen que hacerlo.

No es machismo, ni es discriminación: es simplemente naturaleza humana, y la forma en que se organizan los hogares en nuestra sociedad. Y no tiene nada de malo, siempre y cuando todos los involucrados estén satisfechos.

Uno de los errores más grandes que se cometen al hablar del machismo es aplicar ciegamente el concepto de igualdad de género: asumir que los hombres y mujeres tienen que ser iguales en todo aspecto, y dejar a un lado las diferencias fundamentales que realmente existen. Las mujeres muestran por naturaleza ciertas preferencias y aptitudes, distintas a las que muestran los hombres. Es simplemente el resultado de miles de años de evolución, y es algo que no se puede ignorar en este tipo de estudios.

Ciertamente hay mujeres a las que no les gusta para nada lo doméstico, al igual que hay hombres a los que les gusta meterse a la cocina o ponerse a organizar la casa. Y no hay nada malo en que en esos casos, la pareja asuma su parte de la responsabilidad, de hecho es lo justo y correcto.

Pero si ocurre lo opuesto, por decisión de cada persona, y sin que haya coerción de por medio, qué derecho hay de estereotipar ese comportamiento y etiquetarlo como anómalo?

1 comentarios:

Luna dijo...

Interesante tu apreciación.
Aunque concuerdo en que una estadística no puede determinar si una sociedad es machista o no, creo que de alguna forma la situación se refleja en una mentalidad, el hecho de que las mujeres prefieran labores domésticas por gusto es naturaleza humana? Creo que es una educación que se perpetua y el que lo digan solo refleja que durante mucho tiempo se ha mantenido esa idea de mujer=hogar y ahora es mujer=trabajo+hogar.
Es cultura machista porque existe una serie de esquemas que no quitan aunque el discurso defienda otra cosa.
Tal vez establecer por medio de una encuesta y un par de criterios no lo comprueba pero se ve claramente cuando una mujer dice estar a favor de responsabilidades compartidas en el hogar pero "por gusto" asume hacer todas las tareas a pesar de que ella trabaja tanto o igual que su pareja pero se asume que le toca a la mujer, claro en el discurso todo mundo habla de igualdad pero en la realidad son pocos los hogares en donde ese discurso se evidencia.
No existe ese "gusto" es una educación impuesta. Al que nunca le han quitado una venda no puede opinar sobre el color del cielo porque jamás ha visto el cielo, dirá que es del color de su venda y estará contento en tanto nadie le diga que es una venda lo que mira y otros dirán es por gusto pero no es simplemente ignorancia de su estado o negación del mismo.