
(Continúa del post de ayer)
El gran problema que se tiene para controlar una fuga de este tipo es la profundidad a la que se encuentra, y la presión del petróleo. A 1 km y medio bajo la superficie del agua, sólo pueden llegar robots, que por lo general tienen una movilidad muy limitada, y además como están flotando en el agua cualquier corriente los hace para todos lados. La operación de reparar el pozo Macondo es más o menos tan fácil como armar un motor con herramientas amarradas a un palo de escoba, mientras un camión de bomberos le está tirando a uno chorros de agua. Por ese motivo es que no se ha hecho como dicen muchas personas: mandar un robot con un tapón de metal y hacerlo atornillado o soldado al final del tubo.
En realidad, a como está la cosa el pozo existente no se va a poder reparar. La gente de British Petroleum lo que está haciendo es perforando un pozo nuevo alapar del existente, y lo que van hacer es algo así como jalar la cadena en el baño para que se vaya el agua en la ducha: una vez que terminen de perforar el pozo nuevo, van empezar a bombearlo como loco para quitarle la presión al pozo dañado, y en ese momento poder entrar con equipos de reparación robotizados a sellarlo definitivamente.
Todas las medidas que han propuesto hasta el momento, en realidad no están orientadas a terminar con la fuga, sino simplemente a capturar parte del petróleo que está fugando y evitar que el desastre en la superficie se haga aún más grande. Considerando que perforar un pozo nuevo va a durar cerca de cuatro meses, es fundamental bajar la cantidad de aceite que llega a la superficie del mar.

El primer intento que le hicieron fue algo así como poner un frasco gigante encima al pozo. Bajaron un domo gigante y lo pusieron sobre la tubería rota. El domo actuó como un embudo y empezó a llevar el crudo hacia una tubería conectada a un barco petrolero. Inicialmente la solución funcionó, pero a los pocos días se dio el problema de que el gas metano en el fondo del mar reaccionó con el agua y empezó a formar cristales de hielo en la tubería. Eventualmente la tubería empezó a taquearse y tuvieron que sacar el domo para evitar otra explosión como la que originó el derrame.
Posteriormente lo que hicieron fue meter una manguera en la tubería rota y bombear parte del petróleo y del gas hacia la superficie. La solución dio resultado, pero sólo parcialmente y en este momento se está usando para disminuir la cantidad de crudo que llega a la superficie del mar.
La semana pasada, intentaron un procedimiento conocido como "top kill" que es parecido a lo que se hace para taladrar el pozo. Pusieron una serie de mangueras en la boca del tubo y empezaron a tirar lodos dentro del pozo. La idea era que eventualmente los lodos iban a empezar a taquear el pozo y se iba a detener el petróleo. En ese momento, se podía entrar con una manguera de concreto y hacer un tapón nuevo que sellara el derrame. Desafortunadamente, la presión del pozo y la profundidad del agua de nuevo evitaron que funcionara la solución. Durante las primeras horas funcionó, pero posteriormente el petróleo simplemente empezó a sacar el lodo del tubo.

Lo que queda ahora es seguir haciendo el pozo nuevo para aliviar la presión, y mientras ese pozo está terminado tratar de taponear a la fuerza la tubería. En la semana que viene, desde la superficie van a bajar una especie de tapón con sellos de hule. A los robots submarinos les van a poner sierras de diamante y los van a mandar a cortar la tubería dañada, para dejarle un filo recto. Luego a puro guevo van a sentar el tapón sobre la tubería, y le van a conectar una manguera que vaya hasta la superficie para recoger el petróleo. La esperanza es que esta solución, como no involucra pelearse con la presión del pozo excepto al inicio, va a servir para contener el derrame de una forma más efectiva. El gran problema que existe, es qué hacer con el petróleo una vez que llegue a la superficie. No existe suficiente capacidad de almacenamiento disponible en este momento como para guardar todo el petróleo que está soltando el pozo, lo cual significa que probablemente va a tener que haber quemas controladas del petróleo en la superficie del mar.
Adicionalmente, ya le autorizaron a BP inyectarle químicos al pozo para afectar el comportamiento del petróleo que está saliendo, y evitar que cause tanto daño al llegar a la superficie. Sin embargo, la efectividad de esta solución para preservar los ecosistemas está jalada el pelo, porque resulta que el químico que le van aplicar al petróleo puede incluso ser más tóxico que el petróleo mismo, y al estarse aplicando en el fondo lo que va a hacer es generar una nube tóxica submarina que podría extenderse aún más lejos que las manchas de aceite que se han visto hasta el momento.
Lecciones para el futuro. Me encantaría decir que este desastre es la prueba definitiva que ocupamos para detener de una vez por todas la explotación petrolera submarina. Sin embargo, si hiciéramos eso el mundo entero tendría una crisis energética que no sería jugando. Definitivamente vamos a tener que seguir viviendo con el problema de la explotación petrolera y sus desastres por lo menos durante unas décadas más.
Sin embargo, siempre se pueden aprender lecciones de desastres como éste y evitar que sucedan de nuevo en el futuro. Existen varios detalles de la construcción en sí del pozo que están bajo análisis. Se está revisando si los sellos de hule que se usan dentro de los pozos petroleros son tan efectivos como debieran ser (parte de las teorías de la explosión es que una burbuja de metano escapó por la tubería gracias a un sello de hule que no había sido colocado). Adicionalmente, se está analizando en detalle porque falló el sistema BOP, y si la utilización de sensores acústicos como los que utilizan las plataformas en Noruega podría haber evitado que la tubería no sellara.
Finalmente, del derrame en la superficie van a sacar ese conocimiento muy valiosos, tanto acerca de cómo manejar el derrame en sí como de la mejor manera de planificar el manejo de futuros derrames. Por ejemplo, este desastre va a aportar información muy útil a los sistemas de modelaje de corrientes marinas, que van a servir para hacerlos más precisos.
Lo que queda ahora, es simplemente esperar y dejar que los expertos hagan su trabajo. A ver si dentro de unos cuatro meses, podemos poner fin a todo este enredo.