lunes, 6 de septiembre de 2010

La privacidad que nunca tendremos

El escándalo más reciente en el ICE es que mandaron un equipo de investigadores de la institución a seguirle los pasos a Jorge Arguedas, y básicamente crear un antología de sus movimientos y los lugares a donde iba. Obviamente en este momento el escándalo gira alrededor de Arguedas victimizándose y recitando estribillos de la Guerra Fría, la ANEP haciendo su santa inquisición de los funcionarios responsables, y los periodistas buscando armar el típico huracán en un vaso de agua.

Del escándalo en sí no voy a hablar. No me parece importante. El ICE tendrá sus razones, y hay gente a la que simplemente uno no puede enfrentar con métodos leguleyeros y procesos administrativos convencionales, porque se le escurren entre la burocracia y quedan impunes. Tema cerrado, para mi.

Lo mas interesante del asunto, me parece, es el tema de la privacidad en la era moderna. Ese es un tema bien complicado, que ha estado sobre el tapete durante décadas en todo el mundo, y a donde nadie ha llegado a verdades definitivas.

Recuerdo que hace mucho rato, escuché una reflexión fascinante acerca de las generaciones de la Guerra Fría. Se decía que estas generaciones iban a cambiar totalmente el concepto del mundo y de la vida privada, porque eran las primeras generaciones que durante toda su existencia iban a vivir con cámaras apuntándoles y con registros de todos sus movimientos en fotos y video.

Totalmente cierto. Crecimos en un mundo radicalmente diferente. Una realidad a donde perdimos el control de nuestra información. Aprendimos a vivir en un mundo donde todo lo que decíamos o hacíamos, podía ser usado posteriormente en contra nuestra. Donde todo dejaba rastro y registro, y en donde ese concepto de privacidad y vida privada fue minado, y poco a poco dejó de existir.

Quizá por eso es que todos estos conceptos y pleitos en torno a la privacidad no nos alarman y nos llevan, finalmente, a hacernos una pregunta fundamental.

Realmente existe la privacidad?

Hace 50 años era muy fácil de manejar ese concepto de privacidad. Lo que yo hacía en mi casa, a donde iba, y qué hablaba con otros, era asunto mío. Lo que sucedía en mi teléfono y mi correo, no era asunto de nadie mas. Y mis fotografías, videos, grabaciones, etc. eran asunto mío y bajo mi control. Para que cambiara eso, tenía que existir una muy clara intromisión, y estaba muy definida esa línea entre privado y público.

Pero ahora? Ahora todo eso dejó de tener validez. Ya no es ningún secreto a donde vivo. Diariamente qué compro y a dónde gasto quedan registrados y compartidos, quizás para siempre. Lo que digo, lo que escribo, mis fotografías y videos, pueden llegar a miles de personas en cuestión de segundos, sin que yo dé permiso ni tenga idea de ello. A mi alrededor, tengo docenas de ojos, mecánicos y humanos, viendo cada movimiento que hago y documentándolo para la posteridad.

Y lo que más asusta a los que no se criaron en este mundo: no hay nada que pueda hacerse al respecto. Si quiero ser "privado" como hace 50 años, quedo automáticamente excluido del mundo.

En el mundo moderno, cambiamos ese concepto de "privacidad" por el de "fair use". En otras palabras, yo dejo un rastro por todas partes, y ese rastro no es mío para controlar. Yo asumo que los demás van a usar ese rastro de manera justa y en buena fe, pero al fin y al cabo, acepto que no tengo ninguna garantía de ello y me enfrentaré a las consecuencias que vengan.

Para las generaciones anteriores, eso es horrorizante. Pero para nosotros, es simplemente otro día en la oficina.

Sí existen límites. Está claro que lo que ocurra dentro de nuestra casa, en nuestra computadora, o en nuestro teléfono es asunto nuestro. Está claro que nadie tiene por qué estar viendo nuestros registros médicos o nuestras cuentas bancarias. Pero de ahí en adelante? De ahí en adelante es tierra de nadie. Toda información que dejemos puede dispararse de repente y volver para perseguirnos.

Se puede cambiar todo eso, y recuperar nuestra privacidad? Lo dudo. Seriamente. Porque cada ley que le encaramemos al uso de la información, se nos va a devolver.

Basta con ver el desmadre que han generado las leyes en otros países que prohíben las cámaras fotográficas en centros comerciales y sitios públicos. Querer recuperar el control sobre nuestra imagen, implica convertir a todo el que tenga una cámara en un criminal en potencia.

Mantener privado nuestro número de teléfono, de repente nos convierte en una molestia para la sociedad. Nadie nos quiere atender, precisamente por ocultar nuestra identidad.

Querer que nadie lo siga a uno, implica pisotear el derecho de los demás a estar a donde ellos quieran.

Mantener en secreto nuestros registros bancarios, implica mil trámites para abrir una cuenta de ahorros con otro banco. Y ni pensar en pedir un crédito.

Y así sucesivamente. La ley actual es "deje su información libre, o quede excluido de la sociedad".

Y nada de eso está cambiando. Todo lo contrario. Cada generación nueva, está más dispuesta a revelar su información y a terminar de una vez por todas con el concepto de información "privada". Basta con ver a un adolescente, que revela todo lo que le sucede, en tiempo real, al mundo entero.

Talvez esa sea precisamente la respuesta. Tenemos que mirar a las nuevas generaciones, para ver cuál es su solución a todo esto de la privacidad. Porque si hay alguien que entienda la era de la información y todas sus implicaciones mejor que cualquiera, son los adolescentes modernos.

No lo hacemos, quizás porque no queremos ver finalmente lo que está ante nuestros ojos: la realidad de que nuestro concepto de privacidad, se fue hace mucho tiempo.

Y no hay nada que podamos hacer para tenerlo de vuelta.