lunes 10 de mayo de 2010

Las manifestaciones y la policía... de nuevo.

Viendo lo sucedido en el traspaso de poderes con las manifestaciones en la estatua de León Cortés, pues no hay mucho que decir. Yo pienso, como se dice popularmente, que hay un momento para todo. Y el hecho de tener derecho a hacer algo, no significa que pueda simplemente hacerlo cuando me da la gana, y que eso implique que el resto de la gente tenga que aplaudirme o incluso apoyarme todo el camino.

Para mí está claro que la manifestación del sábado, como muchas que se realizan en este país, fue antojadiza y tenía como único objetivo amenazar y desconocer la voluntad de la gente. Simplemente era un berrinche más de los sindicatos y de algunos grupos, para decirle a las personas "ustedes no van a hacer una fiesta y disfrutar de su celebración si a nosotros no nos da la gana darles permiso".

Qué necesidad había de armar toda una escena el día del traspaso de poderes, sabiendo que a las personas que asistían al evento no les interesaba escuchar otro refrito marxista obsesivo-compulsivo? La gente iba para disfrutar el acto cívico, y para presenciar uno de los eventos más importantes que ha ocurrido en la historia de nuestro país. El pueblo quería disfrutar de una fiesta, y celebrar la culminación de un nuevo proceso democrático realizado exitosamente.

Toda esa manifestación, fue como ver al carajillo de la escuela al que el resto no le hacen caso y no quieren jugar lo que él dice: y entonces se dedica a sentarse al lado y hacer todo tipo de comentarios en voz alta acerca de lo feo y lo aburrido que está todo, y como todo el mundo debió haberle hecho caso. E incluso, si al final los demás niños no le dan pelota, en su berrinche recurrirá a todo tipo de artificios para estorbar el juego, y tratar de echarle todo a perder a los demás.

En este caso tengo que decir que estoy de acuerdo con la acción de la policía. Me parece que se tomó el camino correcto: permitir que la gente se manifestara si así lo quería hacer, pero hasta un cierto punto. Hasta el punto en donde no comprometieran el bienestar de las demás personas que estaban ahí y que simplemente querían disfrutar de la celebración del traspaso de poderes. Desafortunadamente, como suele ocurrir, en la mente de los manifestantes ellos tenían mayor derecho que las personas que estaban en el traspaso: y estaban exentos cumplir con cualquier medida de seguridad y simple respeto hacia los demás. Al final, las fuerzas del orden tuvieron que recordarles que su libertad termina donde empieza la de los demás.

Hay un momento para todo. Hay momentos para manifestarse, para defender puntos de vista, y hay momentos en donde simplemente se debe guardar silencio y respetar el derecho de los demás. Eso tenemos que aprender a entenderlo en este país, y hasta que logremos hacerlo tendrá que ser la autoridad quien nos recuerde de manera continua que como ciudadanos no sólo tenemos derechos, sino también deberes.

1 comentarios:

Alejandro C. Trejos C. dijo...

Coincido, por ejemplo, que los de crucitas se manifestaran en la corte me parecio bien, que jodiern la fuente nada que ver.