
Ahí está graficada la historia: el cono de luz solar pega en el plano de las nubes, y por geometría forma un círculo. En el centro del círculo la luz pasa directo, por lo que no hay halo. A partir de un cierto punto, la luz empieza a refractar y genera el halo, que cierta distancia después deja de verse porque a esos ángulos la refracción ya no es efectiva.




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